Cuando una persona está deprimida tiene una forma muy característica de pensar. Estos pensamientos depresivos podemos definirlos como automáticos e involuntarios, aparecen en nuestra mente sin ser conscientes de ellos. Es como si invadieran nuestra conciencia, incluso en contra de nuestra voluntad.

Son creíbles y aparecen con mucha fuerza en nuestra mente, y a esa fuerza le damos el significado de que esos pensamientos son veraces y realistas. No los cuestionamos o los ponemos en duda.

Aparecen de manera muy rápida. A veces nos puede incluso dar la sensación de que no hemos tenido un pensamiento porque lo único que notamos es el malestar. Aunque no hayamos sido conscientes ese pensamiento existe siempre. Otras veces más que encontrar una frase como tal, aparecen palabras aisladas pero muy cargadas de significado como: fracaso, horror, fin, culpa… También puede aparecer pensamientos en forma de imagen, que estos son también muy difícil de identificar.

El pensamiento depresivo tiene una visión negativa y distorsionada de uno mismo («Nada me sale bien», «Todo es por mi culpa»), del mundo y de los demás («Nadie me quiere», «La vida no tiene sentido»), del futuro («Nunca me van a querer», «Nunca seré feliz»).

Normalmente el razonamiento de las personas deprimidas no se basa en la lógica. A continuación describo algunos errores de pensamiento típicos en las personas deprimidas:

Focalizar en lo negativo

La atención se centra en aspectos negativos. Sucede tanto en el día a día como en la información almacenada en el cerebro. Por ejemplo, cuando Juan va a comprar y se olvida del tomate, en su mente solo aparece que se le ha olvidado algo, no el resto de cosas que ha comprado adecuadamente. En muchas ocasiones, se recuerda errores del pasado o situaciones desagradables (un mal gesto de un amigo, suspender un examen…) y sin embargo es incapaz de recordar otras experiencias o situaciones positivas. Otro aspecto importante es la autodesvalorización. Se ven a sí mismos como personas con poco o ningún valor, inferiores. Se focalizan en las cosas que no saben hacer, en pequeños defectos y problemas que podemos tener todos, aumentándolos y magnificándolos. Y olvidan o minimizan las cosas que saben hacer, los aciertos y valores.

Personalizar

Tienden a verse como responsables al 100% de los acontecimientos en los que apenas han participado o incluso no han participado en absoluto. Por ejemplo, el hijo de Marta se ha ido al parque con una vecina y se hizo una herida en el brazo. Marta cree que ella es la culpable porque «si no le hubiera dejado ir, no se hubiera caído». No se gradúa de forma adecuada el grado de responsabilidad o participación en la situación. El resultado es que se autocondenan a ser culpable de algo en lo que no existe causa-efecto.

Pensamiento Todo-Nada

Se suelen clasificar las experiencias de manera extremista. No se mide la situación a través de un continuo, se mide de manera bipolar en términos de: blanco-negro, bueno-malo, todo-nada… Con este pensamiento es muy difícil juzgar una situación de manera positiva. Si no se alcanza la categoría perfecto, el juicio será siempre del polo más negativo. Paula concluirá que como tuvo un error en un informe todo su trabajo es un desastre.

Generalizar

Consiste en sacar conclusiones generales a partir de un detalle específico y en una situación concreta. Se aplica tanto en el plano personal («Soy un desastre»), a la actuación de los demás («Nadie me quiere») y al futuro («Nunca lo conseguiré»). Se suele hacer una generalización negativa de los pequeños errores que podemos cometer en el día a día. Se confunde normalmente el nivel de ejecución de una determinada conducta («Colgué los cuadros un poco torcidos «) con la valía personal («No hago nada bien»).

Sacar conclusiones sin datos

A partir de una información sesga o incluso en contra de la evidencia, se sacan conclusiones. Por ejemplo, la mujer de Pablo le felicita por el pescado que ha hecho y le dice que otro día podría hacer carne. Pablo concluye que a su mujer no le ha gustado el pescado.

Algunas veces da la impresión de que la gente deprimida tiene la capacidad de leer la mente o de adivinar el futuro, porque llegan a conclusiones que no se basan en la realidad. Pablo queda a tomar una Coca-Cola con un amigo, y este en medio de la conversación le dice que se lo está pasando muy bien. Pablo concluye «Me está diciendo esto porque le doy pena».

Uso del debería/tengo que

Se exigen cosas que en este momento no pueden hacer ya que están deprimido («debería ir al gimnasio», «debería salir con mis amigos») y se exigen haber actuado de otra manera cuando en realidad no podían debido a la depresión («debería haber ayudado más a mi amigo así no me hubiera dejado de hablar»). Estos imperativos los utilizan también con el mundo (» Porque a mí?») y a los de más («No debería haberme hecho eso»).